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“La verdad histórica no se escribe con misiles, sino con memoria.”
📝Resumen
Desde hace más de dos siglos, Estados Unidos ha intervenido directa o indirectamente en los asuntos internos de otros países, justificando su accionar bajo el discurso de la democracia, los derechos humanos y la lucha contra el narcotráfico. En pleno siglo XXI, esa política continúa. Hoy, Venezuela se convierte nuevamente en el epicentro del intervencionismo estadounidense, acompañado por la Unión Europea y gobiernos latinoamericanos que repiten el guion del silencio o la complicidad.
La historia pone en evidencia a los Estados Unidos y su intervención en los asuntos internos de otros países bajo el disfraz de la “democracia” y los “derechos humanos”, con el único propósito de establecer su hegemonía global.
Desde sus orígenes, la política exterior estadounidense se ha construido sobre la imposición de sus intereses estratégicos, económicos y militares. En nombre de la libertad, ha ejecutado invasiones, golpes de Estado, bloqueos económicos, campañas mediáticas y operaciones encubiertas destinadas a someter naciones enteras a su voluntad.
Hoy, en pleno siglo XXI, esa política se mantiene intacta. El intervencionismo de Washington se expresa en todos los continentes, ahora bajo nuevos disfraces: la “Responsabilidad de Proteger”, el “Orden de Seguridad Internacional” o la “lucha contra el terrorismo y el narcotráfico”.
El discurso cambia, pero la esencia es la misma: asegurar el dominio global bajo la apariencia del bien común.
🇻🇪 Venezuela entre la incertidumbre y la presión internacional (2024–2025)
Venezuela atraviesa una compleja coyuntura política tras las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ratificó la victoria del actual gobierno, pero la decisión fue inmediatamente rechazada por Washington, la Unión Europea y varios gobiernos alineados con su agenda.
· Estados Unidos rechazó el fallo del TSJ y anunció nuevas sanciones.
· La Unión Europea exigió la publicación de “resultados verificables”.
· El Parlamento Europeo reconoció a Edmundo González como “presidente electo”, pese a carecer de autoridad legal para hacerlo.
· Diez gobiernos latinoamericanos (Argentina, Costa Rica, Chile, Ecuador, Guatemala, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay) se sumaron a ese rechazo.
· EE.UU. sancionó a 16 funcionarios venezolanos por supuesta “obstrucción electoral”.
Estas acciones constituyen una clara intervención política y diplomática en los asuntos internos de Venezuela. No buscan fortalecer la democracia, sino forzar un cambio de régimen.
(Referencia: “Intervencionismo de EE.UU. y sus aliados de la UE y 10 países latinoamericanos: hacia el control de Venezuela", artículo mío publicado en Madrid, 18 de septiembre de 2024.).
A ello se suma las recientes declaraciones del dirigente opositor Leopoldo López, exiliado en España, quien ha pedido abiertamente una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. Una afirmación grave y criticable, por provenir de un ciudadano venezolano que, en lugar de apostar por la vía democrática interna, invoca la acción armada de una potencia extranjera contra su propio país.
En 2025, la agresión escaló en el terreno militar. Fuerzas navales estadounidenses ejecutaron ataques en el Caribe y el Pacífico contra embarcaciones venezolanas y de otros países acusadas de transportar droga.
Según reportes internacionales —entre ellos Efe y El Universo—, el Ejército de Estados Unidos reconoció haber hundido al menos diez embarcaciones y causado la muerte de más de cuarenta personas como resultado de doce operaciones militares en la región.
Diversos organismos y expertos de la ONU calificaron estas acciones como “ejecuciones extrajudiciales” y violaciones del derecho internacional, señalando que no existía mandato del Consejo de Seguridad ni autorización internacional para dichos ataques.
🔎 Silencio y complicidad en América Latina y el Caribe
La reacción de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y caribeños ha sido de silencio o ambigüedad. Solo algunos países —como Cuba, México, Bolivia o Nicaragua— han expresado su rechazo al intervencionismo.
La ONU y el Parlamento Europeo, por su parte, mantienen una posición diplomática difusa, mientras los medios internacionales replican la narrativa oficial estadounidense sin cuestionar la legalidad de las acciones militares y sanciones.
Este silencio regional se traduce en una complicidad tácita con el retorno del intervencionismo directo en América Latina. No se trata de ignorancia política, sino de una subordinación estructural: gobiernos dependientes de los intereses financieros, militares y comunicacionales del Norte.
⚖️ Reflexión final
Mirando la cronología histórica y los hechos recientes, se descubre que Estados Unidos representa, más que un modelo de democracia, una maquinaria global de poder que impone su voluntad mediante la fuerza y la manipulación política.
Venezuela, como antes Cuba, Nicaragua o Libia, vuelve a ser blanco de una ofensiva imperial disfrazada de humanitarismo.
El intervencionismo, lejos de desaparecer, se reinventa: combina sanciones económicas, propaganda mediática y ataques selectivos bajo la bandera de la justicia y la libertad.
La historia vuelve a repetirse, pero también vuelve a desenmascarar a su protagonista: un Estado que habla de libertad mientras impone la guerra, que invoca derechos humanos mientras practica sanciones y asesinatos selectivos, y que acusa de terrorismo mientras siembra el terror con impunidad.
📜 Cronología revisada del intervencionismo militar y estratégico de los Estados Unidos
(Actualizada hasta 2025)
- En América
Año / Período | País o Región | Tipo de intervención | Observaciones |
1775–1776 | Canadá | Invasión militar | Intento de anexión del Quebec británico. |
1846–1848 | México | Guerra de conquista | EE.UU. anexó más del 50 % del territorio mexicano. |
1853–1857 | Nicaragua | Expedición filibustera | William Walker ocupa el país con apoyo estadounidense. |
1898–1902 | Cuba, Puerto Rico, Filipinas | Guerra Hispano-Estadounidense | Inicio del imperialismo moderno. |
1914 | México | Invasión de Veracruz | Ocupación de la ciudad durante meses. |
1915–1934 | Haití | Ocupación militar | Control político y económico directo. |
1954 | Guatemala | Golpe de Estado | Derrocamiento de Jacobo Árbenz (CIA). |
1961 | Cuba | Invasión de Bahía de Cochinos | Fracaso militar directo contra la Revolución. |
1965 | República Dominicana | Invasión (Operación Power Pack) | - |
1983 | Granada | Invasión militar | Derrocamiento del gobierno de Maurice Bishop. |
1989 | Panamá | Invasión (“Causa Justa”) | - |
2004 | Haití | Intervención conjunta con Francia | Derrocamiento de Jean-Bertrand Aristide. |
2019–presente | Venezuela | Intervención híbrida | Sanciones, sabotaje económico y operaciones encubiertas. |
2024 | Venezuela | Intervención político-diplomática | EE.UU., la UE y 10 países latinoamericanos desconocen el fallo del TSJ. |
2025 | Venezuela | Ataques extrajudiciales | EE.UU. ejecuta operaciones militares en el Caribe y el Pacífico; la ONU denuncia violaciones del derecho internacional. (Efe, El Universo, octubre 2025) |
- En otros continentes
Año / Período | País o Región | Tipo de intervención | Observaciones |
1853–1854 | Japón | Apertura forzada | Expedición del comodoro Perry. |
1893 | Hawái | Golpe de Estado | Derrocamiento de la reina Liliʻuokalani. |
1917–1918 | Europa | Primera Guerra Mundial | Intervención decisiva. |
1950–1953 | Corea | Guerra de Corea | Intervención directa bajo la ONU. |
1953–presente | Corea del Sur | Presencia militar permanente | Más de 28.000 soldados estacionados. |
1959–1975 | Vietnam | Guerra de Vietnam | Más de 2 millones de muertos. |
1990–1991 | Irak | Guerra del Golfo | - |
2001–2021 | Afganistán | Invasión y ocupación | - |
2003–2011 | Irak | Segunda invasión | - |
2011 | Libia | Bombardeos y derrocamiento de Gadafi | - |
2014–presente | Ucrania | Intervención indirecta | Apoyo militar y estratégico contra Rusia. |
🔚 América Latina y el Caribe: entre la entrega y la dependencia
Dos siglos después de proclamada la independencia, América Latina y el Caribe siguen atadas al viejo yugo del poder imperial. Las banderas cambiaron, los discursos se modernizaron, pero las estructuras de dominación permanecen intactas. Lo que ayer se impuso con cañones y marines, hoy se perpetúa con sanciones, bloqueos, tratados asimétricos y narrativas mediáticas cuidadosamente diseñadas para justificar la sumisión.
La mayoría de los gobiernos de la región continúan repitiendo, con obediencia o indiferencia, el libreto dictado desde Washington. En nombre de la democracia y los derechos humanos, se legitima la injerencia en los asuntos internos de otros países, siempre que estos se atrevan a cuestionar el orden impuesto. América Latina se convierte así en escenario de un intervencionismo consentido, donde el silencio y la neutralidad se vuelven cómplices.
La vieja doctrina Monroe —aquella frase aparentemente inocente de “América para los americanos”— no ha perdido vigencia. Solo ha cambiado de rostro. Hoy se expresa en la subordinación política, en la dependencia económica y en la colonización cultural que reduce a nuestros pueblos a simples piezas dentro del tablero geopolítico del imperio.
El mensaje sigue siendo el mismo: América para los intereses de Estados Unidos.
Romper con ese dominio exige más que denuncias o declaraciones diplomáticas. Requiere una conciencia profunda de la historia y un compromiso real con la soberanía y la unidad continental. Mientras nuestras naciones sigan fragmentadas y las élites gobernantes prefieran el aplauso extranjero al reconocimiento de sus pueblos, el yugo imperial seguirá pesando sobre nosotros.
Venezuela no es un caso aislado: es el espejo en el que todos los países latinoamericanos deberían mirarse. Cada sanción, cada bloqueo y cada operación “humanitaria” son recordatorios de que la independencia política aún está incompleta.
El reto está en recuperar la voz propia, en construir una América Latina verdaderamente libre, que no tema disentir ni se avergüence de su identidad.
✍️ Despedida
Este texto no busca cerrar un debate, sino abrirlo. Invita a mirar la historia sin miedo y a reconocer que el intervencionismo de ayer y de hoy forma parte de una misma estrategia de dominación.
Solo con memoria, unidad y conciencia los pueblos podrán romper las cadenas que aún los atan.
🌎 Gracias por leer
Los invito a seguir atentos a las próximas publicaciones, donde continuaremos analizando el presente de nuestra región y los nuevos desafíos de la soberanía latinoamericana y caribeña.
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